Amor Fati- Amor al Destino

Escuchaste alguna vez la frase “El dinero no compra la felicidad, pero prefiero llorar en un  ferrari”? Esta frase sugiere, y probablemente no de modo erróneo, que existen condiciones externas que no evitarían, pero de algún modo aliviarían el dolor que necesariamente implica vivir. Esta frase vino a mi mente cuando reflexionaba sobre lo que estoy viviendo en este momento en mi vida; como una lesión que pensaba ya curada sigue interfiriendo con mi práctica de Yoga, pidiéndome pausas, imposibilitando ciertas posturas, y cómo, a pesar de ello, sentada en el balcón del departamento temporario que alquilé en Buenos Aires, si me preguntan como estoy, sigo respondiendo honestamente que estoy bien. ¿Por qué estoy bien? me pregunto. No porque no haya dificultad, sino porque uso mi mente a mi favor; de un modo que alivia el peso de la realidad y transforme la experiencia en algo que me enseña y redirecciona.

La vida trae sus desafíos para todos nosotros. Pensamos que la repetición de dolores y experiencias ya transitados son una especie de falencia o fracaso personal y sufrimos cuando nuestros deseos no se cumplen, deseos a los que nos aferramos con fuerza y consideramos absolutamente necesarios. Repetimos lesiones, relaciones fallidas, confusiones, y cada vez que esto pasa nos llenamos de culpa de “porque de nuevo me pasa esto a mí”

Sin embargo, con el pasar de los años, la práctica de yoga e indagaciones astrológicas, logré cambiar mi perspectiva sobre las repeticiones en las experiencias de vida,  y esa nueva concepción y visión del destino es ahora “la ferrari” en la cual prefiero llorar. 

El dolor es inevitable, pero el sufrimiento, en tanto el apego al dolor por haberse vuelto identidad de uno, no lo es. Indudablemente, experiencias displacenteras y momentos de crisis dan motivos por los cuales llorar, pero también nos dan la oportunidad de desidentificarnos tanto con “la falla” como con nuestras metas, pudiendo descubrirnos a nosotros mismos en la experiencia. Pienso que hay algo en la estructura mandálica de nuestras vidas,  en el regresar circularmente sobre pasos anteriores, que nos da la oportunidad de alquimizar esas viejas heridas. Son un llamado de atención que nos guían a un encuentro con nuestra propia esencia, a la posibilidad de un florecer del ser, más que la concreción (tal vez ególatra) de lo que creemos ser nuestras metas. Frente  a un problema hay una gran oportunidad, y resistir a ese problema es resistir a nuestro propio florecer. Después de todo, lo que no sucede no es arbitrario: nos trae información sobre nosotros mismos, sobre deseos en sombra, direcciones negadas, e información que tal vez nos permita vivir  de forma más auténtica, libres de modelos y mandatos, a nuestra manera. 

La mente es tu instrumento para hacer de tu vida algo milagroso, feliz y fortuito. Tenemos el poder cambiar de perspectiva. De permitirnos pausas y silencios. De reformatear el camino mientras andamos.  Como en el juego de la Oca, que era en principio, un juego esotérico, se deben retroceder casilleros e integrar los “enemigos” y las sombras en el camino para llegar a la última casilla del juego, donde el gran logro es el encuentro profundo con el ser singular y único que somos. 

Siguiendo con esta reflexión, y vinculándolo a la práctica de yoga (actividad conscientemente elegida por no limitarse a la práctica física): el yoga es una forma de estar en el mundo que implica buscar la unidad y coherencia de la mente, el cuerpo, y ciertos principios éticos. Y si bien, equivocadamente puede volverse una búsqueda caprichosa por lograr ciertas “posturas”, en lo más profundo es una práctica que nos enseña a desapegarse del ego para conectarnos con nosotros mismos en tanto canal a la divinidad. En los desafíos y limitaciones que podamos encontrar en esta práctica, ya sea dolencias, lesiones, falta de movilidad, flexibilidad y fuerza, esta práctica nos permite encontrar modificaciones que funcionen para distintas personas, etapas de la vida y condiciones. Y  esa adaptabilidad y aceptación, nos enseña a dejar el apego a practicar de una manera en particular (o en relación más amplia, a vivir de determinada manera persiguiendo ciertos objetivos y logros. )

  La filosofía yoguica también nos trae los cinco Niyamas como principios éticos, y entre ellos está Santosha (सन्तोष)  Santrosha significa contentamiento, satisfacción y aceptación plena; implica encontrar paz y gratitud con lo que se tiene, sin deseo excesivo por lo que falta, cultivando una felicidad interior que no depende de circunstancias externas y permitiendo la aceptación de la vida tal como es, no como resignación, sino como un camino hacia la plenitud. En última instancia, sigue la máxima de encontrar contentamiento en el momento, traiga lo que traiga. Amor Fati, amor al destino. 

En conclusión; sea lo que sea que te suceda asegúrate de ser amable con tu cuerpo y con tu mente, y agradecer los acontecimientos de la vida como oportunidad  explorar percepciones y sentimientos nuevos. Que tu mente sea ese vehículo seguro y cómodo desde el cual afrontar los desafíos diarios se vuelve una experiencia que nutre y no que frustra. 

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De la Interioridad a la Forma: la Danza Clásica como Arquitectura Externa, el Butoh como Esencia interna.

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From Interiority to Form: Classical Dance as External Form— Butoh as Internal Substance